"Amor ciego" gana el Concurso de Relatos Eróticos
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292010
"Amor ciego" gana el Concurso de Relatos Eróticos
Por Ariel Alan
La Asociación COLEGA entregó en Linares el primer premio del Concurso de Relatos Eróticos. El ganador se llevó productos eróticos y hubo premios de "consolación" para el resto.
La entrega de premios tuvo lugar en
Una quincena de jóvenes acudieron el sábado
27 de marzo a la sede de COLEGA en LINARES para participar en la sesión
Tuppersex y en la entrega de premios del I Concurso de Relatos Eróticos. Se
trataba de una divertida y deshinibida reunión, abierta a chicos y chicas, en
la que leer los relatos del concurso y descubrir, probando, vibradores,
lencería, aceites para masajes eróticos con sabor a fresa, chocolate, limón o
menta, además de "juguetitos" para una ducha más placentera o anillos
que hacen más duradero lo que a duras penas dura más de 15 minutos
-
RELATO GANADOR: “Amor ciego”
Acertar con un alumno no era tarea fácil, ni siquiera para una filóloga
de poca talla y peor talle. Un Cadillac sentimental más largo que el horizonte,
atrás la espuma aún tibia del último barrido emocional. Por eso dejé que la
elección acariciara el hielo en variados roces narcóticos. Evitando sobriedades
innecesarias, la coctelera vertió el néctar. Lo conocí aquí, en clase de
Lingüística: sofisticado convexo, carácter reacio, vertiginoso y laberíntico,
espirales de miradas serenas en el destello de su sonrisa, atenta destilación
en lo propio y ajeno,… Embriagador. Escalera de color, más aún, de corazones.
No está bien mentirse a sí misma, pero es verdad que me gustan las parejas de
tréboles, incluso me gustan las de tres hojas. Así que no decidí...
Aquella mañana, lo vi en una página de contactos. Él, sin rumbo, yo
revuelta, ambos detenidos en un cruce de servicios rápidos. Detenida la pantalla del ordenador, turbidez propia de
otra noche sin dormir en casa. Zapatos caros, alarde prendido en fetiches, como
aguja afilada y paciente desgranado al fin, el tumulto de la red. Fotos
sugerentes de vainilla y caramelo. Todas empalagosas, salvo una, aquélla en que
se rozaban sus labios, sus ojos, su torso, presumible el resto, con el fósforo
luminiscente de la certeza. Porque no hay duda que sería él quien me ayudara a
consumar mi obra maestra.
Inició la conversación, ágil, con algo de ingenio, esforzándose (piernas
alzadas, el culo pidiendo guerra y dejando a su imaginación completar el medio
perfil que muestro de cintura para arriba), no era de los que entraba a matar,
iba yo deduciendo, pero tampoco de los que se asustaban con facilidad. Habían
pasado diez minutos y su elocuencia iba en aumento, alguna vez tuve que
adelantar algo de entusiasmo por temor a que tanto monosílabo pudiera hacer
mella en su personalidad a la vez algo insegura.
Media hora después, estaba segura de que su
verbalidad no era sino un recurso para paliar carencias, que por lo hablado,
debían ser muchas. Me preguntaba si se atrevería finalmente, si habría elegido
bien. Pronto se disiparon mis dudas, hacía rato que el deseo había vencido
cualquier resquicio de pudor o caballerosidad, y sin embargo, cauto, continúaba
contándome cosas divertidas de sí mismo, y de vez en cuando balanceando en
proyectos de escalera, detalles de su vida más sentimental. Encontré esa vida
que no narraba, pobre y por ello, aguijoneado en mi curiosidad, pasé a la
acción. Mi parte en el papel de la obra acaba de comenzar…
-
Te he elegido, eres el protagonista de mi historia. No tienes que hacer
nada, sólo dejarte llevar. Entrarás a
oscuras y a oscuras te irás. Dos anónimos ciegos y en silencio palpando pura
sensualidad.
Él aceptó entusiasmado mi propuesta, yo casi paladeé el cielo. Quedamos
en uno de mis apartamentos, a las afueras de la ciudad. La casa en tinieblas y
mi respiración agitada al escuchar el timbre, preludio de un sueño hecho
realidad. Tomé su mano y lo conduje al dormitorio sorteando toda clase de
obstáculos en aquella carrera de fondo que habíamos empezado a librar. Lo senté
en la cama y vendé sus ojos para prevenir cualquier intento de quebrantar las
normas. Estaba nervioso y yo me deleitaba lamiendo el sudor que empapaba su
frente, veneno sensual, preludio de una noche sin fin.
Ocho de la mañana en el edificio A-cuatro de
Cualquier justificación ocuparía un lugar retrasado en la ilusión. El
farol no parece un farol hasta que su abrazo es verticalmente amortiguado. A lo
lejos parpadea como una baliza en la derrota sin rumbo. Y si te acercas, se va
alejando la intermitencia en el ritmo, frenético el impulso hacia la victoria
que no ha de llegar. Mientras va subiendo el ascensor, imagino nuevos juegos,
con esas cartas no se podía perder la mano; si se perdía que lo hiciera antes
en su cintura, la otra surcando cuanto pudiera, los labios cerrando, reunido el
pacto desnudo, palabras de honor. Álma de cántaro
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hola me lamo maria gomez y gutaria conoselo para saver mas deutede
Dice ser maria - 31/03/2010 1:27
marigomez-012@hotmail.com
Dice ser maria - 31/03/2010 1:29
uffffffffffff................ aun perpleja!!!!!
saludos!!!! bastante interesante..
Por key - 18/04/2010 2:53
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