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Libros


"El derecho a amar". Isabel Muñoz. Arturo Arnalte.2017
21
Ago

"El derecho a amar". Isabel Muñoz. Arturo Arnalte.

Con motivo del WorldPride han coincidido en Madrid no sólo miles de personas de reivindicación y/o fiesta sino también nueve exposiciones en las mejores y más prestigiosas instituciones de la ciudad: el recorrido LGTBI del Museo del Prado ("La mirada del otro"); la exposición de exposiciones "Trans", del Museo de América; "San Sebastián, el Apolo cristiano", en el Museo de Historia de la ciudad (antiguo Hospicio de Madrid); el recorrido LGTBI del museo Thyssen ("Amor diverso"); y cinco exposiciones más organizadas por el Ayuntamiento, tres en el Palacio de Comunicaciones y dos en el Conde Duque.

Por Guillermo Arroniz López


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Después de la desagradable experiencia de las dos del Conde Duque, con una calidad de obras bastante baja y una visión muy limitada y partidista del colectivo, además de un tono agresivo y violento con el que no me identifico en absoluto, vengo a conocer gracias a la publicación de Egales, el enriquecedor proyecto de Isabel Muñoz y Arturo Arnalte.

Muñoz es una reconocida fotógrafa con varios premios en su haber, incluyendo el Nacional de Fotografía en 2016, mientras que Arnalte aporta su larga trayectoria como historiador y periodista.

Parece que a lo largo de los años, y a través de diversas series, la fotógrafa ha querido recoger los cuerpos, las identidades, los deseos de sujetos de los colectivos que se aglutinan bajo las siglas LGTBI o LGTBIQ. Y ahora, fruto de todas esas instantáneas, surge un hermoso proyecto de imágenes y letras donde podemos ver (a través de los ojos de la fotógrafa) los rostros que hay tras muchos de los nombres que han marcado el activismo y la lucha por la libertad y la consecución de los derechos y también podemos apreciar los cuerpos sin cara de quienes aún siguen en esa batalla en "campos" donde continúa siendo delito o motivo de oprobio el declararse o actuar abiertamente como gay, lesbiana o transexual.

Es difícil no reconocer, si uno pertenece al colectivo de cualquier forma, a Mili Hernández, aquí con Óscar Hernández, el autor de "El viaje de Marcos", una de las novelas gays (si es que aceptamos la existencia del género) que más aceptación ha tenido dentro y fuera de los muros invisibles que delimitan o identifican a los homosexuales.

Mili y Mar, su mujer, no sólo abrieron Berkana, la librería de Chueca que lleva más de dos décadas abierta (aunque cambiando de local, hoy en la calle Hortaleza)... sino que también defienden la editorial Egales, que ha dado voz a numerosos autores españoles y extranjeros, que mejor o peor, hemos intentado compartir referentes y explicar nuestras formas de sentir con el resto del mundo.

Aquí Mili y Óscar aparecen unidos por las manos, como lo están por su pasión por los libros, su pertenencia al colectivo, su valor y, curiosamente, también por su apellido.

Hay aquí más gente del mundo del libro y la cultura como Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez que en plena crisis de las letras impresas se lanzaron a un proyecto de publicación por el que, tres años después, siguen luchando. Por supuesto no puedo dejar de mencionar a Antonio Roig, el bravo carmelita descalzo (o que un día lo fue) que se atrevió a defender la dignidad de la homosexualidad en la novela finalista del premio Planeta "Todos los parques no son el paraíso", ¡en 1976! Eso fue coraje del autor y de la editorial... pues aquella década de cambios era aún terreno pantanoso y criminalizado para los gays.

Los medios han hecho protagonistas de nuestro día a día a otros de los retratados aquí, mientras que personas ajenas a la popularidad han sido inmortalizadas para poner el dedo en la llaga de problemas que siguen existiendo en nuestro país, en otros rincones del mundo o en ambos. Así sale algo relucir el tema del bullying en los institutos o el de las/los Hijras de la India, personas nacidas con la fisiología masculina pero que permiten su castración y se visten como mujeres... y aunque viven en un estado de marginalidad o excepcionalidad se les reconoce un aura mágica y en esto entroncan con cierto chamanismo americano muy bien explicado en la mencionada exposición "Trans", del Museo de América.

De todos esos casos uno que me ha llamado muy poderosamente la atención ha sido el de las fotografías realizadas en la Fundación "26 de Diciembre". La Fundación se dedica al apoyo de los mayores LGTBIQ aunque no se cierran a echar una mano a ninguna persona mayor. Un proyecto encomiable que hace visibles a los invisibles de los invisibles: sobre todo los hombres gays a partir de cierta edad se vuelven transparentes, indetectables incluso para el mismo grupo al que pertenecen porque ya no responden al prototipo más generalizado del deseo, que exige tanto juventud como belleza física, plenitud de kuros griego. Las fotografías dedicadas a esta fundación y sus gentes son de las pocas que trascienden el retrato individual e introducen una audacia, libertad e imaginación magníficas.

Desde un punto de vista formal predomina el blanco y negro (es signo y seña de la autora, que utiliza medios tradicionales): sólo una de las 35 (36 si contamos la de la portada) instantáneas del libro es en color. De igual manera es mayoritario el fondo negro/neutro sin elementos que distraigan la mirada del espectador: todo es el rostro, el cuerpo y su expresión y en ellos ha de hallarse la historia del fotografiado, su esencia.

La dicotomía entre el color y el blanco y negro es ya un clásico entre el mundo de los objetivos, aunque pareciera que un colectivo de colectivos como el que nos ocupa parece reclamar más variedad, más color. De ahí el doble valor de los retratos que, eliminando ese brillo de los colores vivos de los trajes de la India es capaz de captar la belleza y la singularidad de las/los hijras, por ejemplo.

En la página web de Muñoz puede leerse:

"Todas las fotografías son contactos de gran formato, realizados por la artista directamente del negativo, utilizando el antiguo proceso del platino".

Y ahí es también donde uno puede aprender que la fotografía es algo más que "captar la realidad" o un mero medio técnico, sino que tiene la posibilidad de convertirse en una auténtica al forma de expresión en manos del artista pues esta visión en blanco y negro de Isabel Muñoz nos traslada su propia interpretación, su arte personal, cuando observa y capta con su máquina, a gays, lesbianas, transexuales, drags, travestis, o hijras... por citar algunos casos.

El trabajo de Isabel y Arturo nos ofrece muchas cosas: memoria sobre las personas que lucharon y luchan por los derechos; arte, una visión personal de unos y otros con unos retratos que retan al espectador a investigar en ellos; reflexión sobre el otro; y en esta última línea, una lección de respeto sobre otras formas de vida.

No me parece poco para una exposición... ni para el libro/catálogo de la misma.



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