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El rey de los tejones. Philip Hensher. Libros del Asteroide.2014
13
Jun

El rey de los tejones. Philip Hensher. Libros del Asteroide.

La novela de la que hoy me ocupo no encontrará un público agradecido entre los hipócritas, pues los refleja demasiado bien. Ni tampoco entre los pusilánimes porque llama a las cosas por su nombre, sin necesidad de gritos o vulgaridades. Ni siquiera a los que siempre lo juzgan todo y son presos de moralinas, porque en esta novela hay mucha libertad de expresión (usada “contra” todo y “contra” todos).

Por Guillermo Arroniz López


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La novela de la que hoy me ocupo no encontrará un público agradecido entre los hipócritas, pues los refleja demasiado bien.

Ni tampoco entre los pusilánimes porque llama a las cosas por su nombre, sin necesidad de gritos o vulgaridades.

Ni siquiera a los que siempre lo juzgan todo y son presos de moralinas, porque en esta novela hay mucha libertad de expresión (usada “contra” todo y “contra” todos).

Y por supuesto no les hará gracia a los que intentan controlarlo todo, porque el autor se explaya en denunciar su obsesión por meterse donde nadie los llamó.

Pero hará las delicias de los lectores exigentes; de los lectores entrenados; de los que son capaces de reírse de sí mismos; de los homosexuales críticos con su propio colectivo; de los que tienen ganas de sacar su sonrisa al ver reflejada la sociedad en la páginas-espejo de este libro.

“El rey de los tejones” nos habla de la vida de un pueblecito de gente acomodada. Gente que ha restaurado casas antiguas y cuidado sus jardines (o no, pero ahí los tienen). Gente que trabaja en la universidad, o para el gobierno, o que son lores. Viven entre las delicatesen de quesos extranjeros, antigüedades, arte abstracto o collages del nuevo arte. Tienen unas vistas extraordinarias en la desembocadura de un río… Todo funciona exquisita y perfectamente, como un reloj que, al marcar las cinco, señala el momento exacto en que todos deberían tomar el té (lo tomen o no). Pero… ah sí, hay un pero, un grandísimo pero, las afueras del pueblo no están ocupadas por tan privilegiados inquilinos. En los “suburbios” de la localidad las casas de protección oficial albergan otro tipo de familias con menos fondos económicos. Cuando una niña de ochos años, miembro de esas familias menos favorecidas, sea secuestrada, los ojos de la nación se volverán sobre el pueblo. Y no sólo los de la nación.

Lo mejor es que los ojos de Philip Hensher, que todo lo ven, nos contarán lo que pasa realmente en la vida de todos esos miembros acaudalados de la sociedad biempensante. Unos habrán gastado por encima de lo que debían en una hipoteca desorbitante y verán como su estatus peligra; otros tendrán hijas adolescentes con manías muy cercanas a la psicopatía, quemando muñecas en el estuario del río o llamándolas “Pornografía infantil”. O estarán empeñados en formar una patrulla vecinal que lo controle todo a través de cámaras de circuito cerrado, decenas, por todo el pueblo. Nada escapa de la mordacidad del autor que es lo suficientemente sibilino para nunca decir “el personaje tal es malo”, pero que nos llevará a través de los hechos a pensar que uno u otro tienen este o aquel defecto.

Del tema del sexo debemos hablar aparte. El lector encontrará escenas explícitas de sexo homosexual (y no precisamente el de una parejita de enamorados a la luz de las velas). No es que lo que se describa sea nada que no suceda desde que el mundo es mundo, pero no encontrarán muchas novelas de gran nivel literario que hablen de ello. Esta es una buena oportunidad. La droga, de una u otra forma, correrá fluidamente al mismo tiempo que la libertad sexual. Es cuestión del lector posicionarse, pero el autor parece castigar mucho más la falta de asertividad, que acaba en un desorden físico y alimentario terrible, que la falta de ortodoxia erótica.

Philip Hensher analiza a la perfección a los personajes y nos entrega una crítica de la sociedad occidental contemporánea donde podemos vernos identificados o no, pero su retrato, en mi opinión, es realista. Su retablo, su historia, ensambla a la perfección y nos lleva a un final quizá esperanzador a través de tres personajes, quizá los que vivan menos conforme a las convenciones, los más individualistas y asertivos.

Magnífico libro de una pluma absolutamente impecable.



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