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Libros


La noche de las máscaras. Raúl Ansola.2017
03
Abr

La noche de las máscaras. Raúl Ansola.

Raúl Ansola (Barcelona, 1977), finalista del premio Terenci Moix con "La Vida Real", publicaba en 2016 "La noche de las máscaras", calificada como novela coral, aunque cabe preguntarse si se trata de relatos entrelazados o de novela de protagonista colectivo o, mejor dicho, plural.

Por Guillermo Arroniz López


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Hay que destacar, desde luego, la estructura, que nos lleva de unos personajes a otros entrelazando historias variopintas en una noche barcelonesa donde asistiremos a misteriosas exposiciones de fotografía, a representaciones espontáneas de teatro, y a encuentros entre gentes que, a priori, nada tienen que ver entre sí... aunque el texto nos descubrirá que somos un todo, una red interconectada y que, como diría, John Donne:

"Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,

porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca

preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti".

Lo cierto es que sobre todo el libro planea una sensación de drama o tragicomedia, quiero decir que los elementos teatrales están presentes desde el primer momento, desde el mismo título en que se mencionan las máscaras, propias del carnaval tanto como de la Comedia del arte. La máscara, es un elemento clave en el libro, quizá porque, como diría Wilde:

”El hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, darle una máscara y os dirá la verdad ”.

En la página 146 el propio autor hace mención a uno de los usos de la máscara, en una escena en la que un cliente ha contratado los servicios de un chapero y han subido a una habitación deplorable en un hostal sucio y viejo:

“Las dejó encima de las cazadoras, era una prenda de atrezzo que no iba a necesitar pare esta escena, una máscara que ya había cumplido su cometido”.

En cualquier caso, y volviendo a Wilde, ¿cuál es la verdad de cada uno de estos personajes que se cruzan en la noche de la ciudad?

“A su alrededor, la avenida se vertía en paseos que fluían por calles en las que despertaban callejuelas sin rumbo, afluentes vacíos de destino. El barullo del gentío pervivía como el eco que repetía el silencio y devolvía el sonido de pasos que reflejaban la vida de las sombras del barrio viejo. Los semáforos se habían quedado sin espectadores y soltaban el lastre de su utilidad”.

Página 75.

El chapero se quita las gafas que no necesita por un defecto ocular, sino para parecer más inocente, más frágil, frente a cierto tipo de cliente, y las deja sobre las cazadoras, primera prenda de la que se han desprendido los dos personajes en una coreografía del desnudo que es tan antigua como el hombre.

Unos y otros parecen buscar alguna respuesta esta noche en la que se cruzan tantos caminos. Un paso más allá. Y muchos de ellos, con esa respuesta, parecen querer superar la soledad a la que, por definición está condenado el ser humano. Y todos representan su papel: desde el que vive la vida de otro a través de las redes sociales, hasta quien rememora la figura de una antigua amada en una joven de vida alternativa quizá con la inevitable intención de rescatar un pasado más feliz, una historia de amor, una representación teatral que ya no está en cartel…

Un libro plagado de imaginación donde la tristeza se da la mano con la audacia, la ilusión de vivir, la importancia del recuerdo y la apuesta por el futuro. Y, sobre todo, un alarde técnico de estructura donde, de un relato a otro, el autor va dejando un poso para que cada lector se pregunte, ¿y qué papel represento yo?



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