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Ojo de loca no se equivoca. Leopoldo Alas. Planeta 2MIL1.2014
23
May

Ojo de loca no se equivoca. Leopoldo Alas. Planeta 2MIL1.

A pesar de que el libro que reseño hoy no es un bollo reciente del horno editorial, sí resulta un dulce -de contenidos amargos y ácidos a veces- por el que no ha pasado el tiempo salvo para subrayar la capacidad premonitoria de su autor... o el estancamiento del mundo gay... o ambas cosas a la par.

Por Guillermo Arroniz López


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“Al igual que la mayoría de los fieles de cualquier religión, los gays de gimnasio tienden a la suspicacia y odian o ignoran las críticas que se hacen al culto”.

Página 191. “El efecto Guggenheim”.

A pesar de que el libro que reseño hoy no es un bollo reciente del horno editorial, sí resulta un dulce -de contenidos amargos y ácidos a veces- por el que no ha pasado el tiempo salvo para subrayar la capacidad premonitoria de su autor... o el estancamiento del mundo gay... o ambas cosas a la par.

Estamos ante un conjunto se artículos sobre el "ambiente" o vida gay madrileña fundamentalmente, quizá como espejo magnificado y algo a la vanguardia de la pluralidad española. La extensión de los mismos hace de cada uno de ellos un mini ensayo o ponencia ya que exceden, con mucho, el artículo periodístico, columna o editorial incluso. En estas reflexiones un lúcido, culto, divertido y preciso autor nos acerca a una realidad que no comparte, ni por un extremo ni por otro, rechazando el modelo machista y homófobo tanto como la dictadura gay de ciertas pautas de comportamiento y modelos físicos determinados (culto al cuerpo, músculo, juventud permanente...).

“[…] Hoy todo se vende, pero cualquier cosa, para poder ser vendida, debe ser previamente identificada. Y el ambiente, que no iba a ser menos, reforzó sus rasgos de gueto para darse a conocer como tal al resto de la sociedad y ofrecerse como producto: «Los gays somos así, vamos a estos sitios, hablamos de esta manera, nos vestimos de esta otra». Y de esta suerte hemos llegado al punto en el que nos hallamos: hoy existimos, tenemos un lugar en la sociedad pero sólo en la medida que pertenezcamos a ese nuevo orden gay que los demás pueden identificar gracias a que nos hemos ocupado de señalarlo y codificarlo con entusiasmo”.

Página 15. “La crisis del ambiente”.

Es decir, que el ambiente, que era un soplo de aire fresco, de libertad para ser uno mismo, está ya en crisis y es tan esclavo como el resto de la sociedad, aunque haya creado sus propios barrotes y cadenas y sean de plástico fino con incrustaciones de pluma y sobre todo mucho músculo y mucho botox.

En el libro se habla de un nuevo mundo, de una generación para la que el sexo ya no es el centro de sus vidas. El sexo existe y está bien, pero ponen mucho más el acento en todo lo que va antes de: la seducción, y por encima de todo el narcisismo, el escaparate. Sentirse deseado ha sustituido al deseo en sí. Se quejaba Leopoldo de que “Aquí no folla nadie”, ni cultas ni tontas, ni guapas ni feas, ni jóvenes ni viejas. Porque todos hemos adoptado la soledad ególatra y la vitrina donde se nos debe veneración, pero que nadie nos toque, ya que sonarían las alarmas. De esta forma, la cultura del cuarto oscuro, del cruising, del sexo fortuito habría pasado a mejor vida para las mayorías homosexuales. ¿Quizá por la era del SIDA? Quizá. O quizá por sobresaturación. El sexo estaba ya tan al alcance de cualquiera que dejó de aportar un valor añadido. Ya no refulgía como el oro: cualquiera podría tenerlo. Incluso sin pasar por el gimnasio. Pura ley de oferta y demanda: si está al alcance de cualquiera no es apreciado. He ahí mi teoría personal, que esto último no lo intuyo en el autor.

A lo largo de estas trescientas páginas se hace una radiografía del ambiente que no sólo procede de la máquina de la observación, sino de la investigación a través de la lectura, del intercambio de conocimientos y de una sedimentación de experiencia que llevan Leopoldo Alas a conocer en profundidad las tendencias, las obsesiones, las mareas sociológicas de los homosexuales de ciudad “moderna”. Su crítica es ácida, a veces un punto amarga, pero siempre inteligente y siempre razonada. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero se hace entender, y su inteligencia y buen hacer con la pluma literaria nos regalan excelentes momentos de lectura de los que podemos aprender mucho pues el libro, como señalaba anteriormente, es plenamente actual desde mi pequeña perspectiva.

Por si fueran pocos atractivos en el libro encontraremos un diálogo escrito a medias con Luis Cremades (cuyo nuevo libro a cuatro manos reseñábamos hace unas semanas) donde toman los disfraces de Platón y Sócrates para dialogar contemporáneamente con un descaro y una profundidad que hacen del texto un caramelo.

Absolutamente recomendable para los que están fuera, para los que están dentro, para los que entran y salen, para los guías, para los que nunca han estado, para los que lo visitan esporádicamente y para los que el ambiente es su casa y su castillo… o incluso su celda inexorable.



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