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Poderosas. Pedro Víllora. Ediciones Irreverentes. (Obra Ganadora del VIII Premio EL ESPECTÁCULO TEATRAL)2013
23
Dic

Poderosas. Pedro Víllora. Ediciones Irreverentes. (Obra Ganadora del VIII Premio EL ESPECTÁCULO TEATRAL)

Leer a Pedro Víllora es siempre un acto placentero porque analiza con sus textos al ser humano. Lo disecciona con la matemática exacta y brillante de un bisturí, pero hay un calor cariñoso en la mano del cirujano. Como ese dentista que nos saca una muela pero desde el primer momento, su cercanía, su seguridad, sirven de paliativo del dolor tanto como la anestesia. Luego, claro está, uno despierta de la anestesia y, sin la presencia del profesional, la herida molesta, hace que uno piense en lo que le ha pasado, en lo que ha visto o leído… y que pica por dentro.

Por Guillermo Arroniz López


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"Victoria: Y aún dirán cosas peores. Los hay con mucho ingenio, y las sesiones del Parlamento son demasiado largas. Un político en acción es algo terrible, pero aún peor es un político aburrido. No sabe la de maldades que se pueden inventar cuando todavía queda un tiempo inmenso por delante".

Página 52.

Leyendo una obra de teatro es más fácil atender a la elección de las palabras. Se puede degustar al ritmo que uno desee el fruto del escritor. Se pierde, por supuesto, el buen hacer de los actores, la inmediatez de la representación, el encanto del escenario o el vestuario… pero se gana en la tranquilidad con la que se puede volver a una frase o replantearse el texto sin verse empujado por el momento ni perder (por el oído de uno o por el vecino que tose) ni una coma.

Leer a Pedro Víllora es siempre un acto placentero porque analiza con sus textos al ser humano. Lo disecciona con la matemática exacta y brillante de un bisturí, pero hay un calor cariñoso en la mano del cirujano. Como ese dentista que nos saca una muela pero desde el primer momento, su cercanía, su seguridad, sirven de paliativo del dolor tanto como la anestesia. Luego, claro está, uno despierta de la anestesia y, sin la presencia del profesional, la herida molesta, hace que uno piense en lo que le ha pasado, en lo que ha visto o leído… y que pica por dentro. Eso le sucede con “Poderosas”. Porque es un texto que hace pensar, tengamos más poder o menos en nuestras manos, en la forma en la que encauzamos nuestras relaciones personales y cómo las fórmulas aprendidas en nuestros entornos de trabajo son una armadura, una máscara, que debemos romper si queremos tener una auténtica relación con quienes nos rodean.

El poder, en cierta forma, excluye el amor. Hay poder en la relación entre una madre y un hijo: cuanto más pequeño es el segundo, más crece la autoridad de la madre, pero es cuando el poder desaparece cuando el amor se hace evidente o puede aflorar libremente.

En toda relación de pareja hay hilos de poder, uno domina a otro en según qué situaciones o en el cómputo general. Pero cuando ese poder se hace muy patente el amor salta por la ventana.

En “Poderosas” tres mujeres españolas que tienen pareja (una de ellas lesbiana) han alcanzado unas cotas notables de poder en entornos muy concretos. Sin embargo no las veremos actuando profesionalmente con brillantez en sus lugares de trabajo, sino en círculos íntimos, muy cerca de esas parejas o hablando de ellas. Las relaciones humanas no son fáciles, pero cuando en una relación de pareja una de las partes ha alcanzado el éxito (ya sea más o menos popular), se siente un cierto peso que descompensa el equilibrio de la convivencia. A esto asistimos en “Poderosas”. ¿Es posible templar esa balanza con amor? Pedro Víllora parece sugerirnos también una respuesta a eso, pero no seré yo quien comente lo que creo que el autor indica, eso es algo que el lector o el espectador tendrá que descubrir y evaluar por sí mismo.

Adicionalmente la mayoría de los personajes son homosexuales. Varias lesbianas y hombre gay toman el escenario, lo cual, dicho sea de paso, no parece condicionar en absoluto la generalidad o universalidad del discurso. He aquí otro gran hallazgo del escritor: aunque la mayoría de los personajes no responden al canon mayoritario en términos de orientación sexual (o como quiera decirse), sus comportamientos son igualmente humanos, aplicables a cualquiera con independencia de esa circunstancia personal. Se nos dice patentemente que lo son: hablan con sus parejas o de sus parejas. Sin ningún tipo de reparo o armario. Y esto también “normaliza” y “visibiliza” la existencia de hombres y mujeres que sienten pulsiones por seres humanos de su mismo sexo.

Una vez más Pedro Víllora nos encandila con un texto que nos deja pensativos pero con un gran sabor rondando entre los dientes (el poder) y la lengua (el amor). Sin duda por ello es merecedor del VIII Premio El Espectáculo Teatral. ¡No se la pierdan (la obra) ni se lo pierdan (el libro)!



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